Decían que la casa estaba encantada. Que en ella habitaban dantescos fantasmas.
Ella no lo creía.Le gustaba perderse por el bosque, durante las tardes de verano, y hacer que sus pasos la llevaran hasta la vieja mansión.
No solía pasar más allá de la musgosa cerca de piedra, pero aquella vez se atrevió. Con cuidado escaló las rocas y se coló en el jardín.
Sintiendo el corazón más vivo que nunca, de acerco a una de las ventanas.
Ella no era ni alta ni baja, de estatura media; pero tuvo que ponerse de puntillas para mirar el interior de la estancia.
Y mientras sus ojos descubrían los sillones y las pillas de antguos libros, supo porqué aquella mansión estaba encantada.

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