Apenas un puñado conoce su historia, una historia agria cómo el limón y dulce como el azúcar, una
historia peregrina que quizá conduce a un sin sentido. 
Esta es la historia, la verdadera historia de una heroína.
Nunca tuvo un hogar. Ignorada y denostada por sabios y poderosos, su único destino posible era el 
olvido.
Pero lucharon por ella; sólo unos cuantos, unos miles, alzaron su voz y reclamaron vehementes y
entusiastas, justicia para ella. No pudieron negarse. Los eruditos acabaron por reconocer su valía.
Y ahí está ahora paparajote, luciendo magnífica en el gran diccionario de la RAE.
Raúl Ballesteros López
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