Todos los años,por San José, íbamos a casa de mi abuela a comer paparajotes. Era una casita en la 
huerta rodeada de limoneros y que tenía un desván, pequeño y polvoriento, al que se accedía por una
trampilla en el techo. 
Ese año me rondaba una idea: subir al desván. 
Encontré algunos objetos que me hablaban de épocas pasadas, y algo sorprendente: una pistola antigua.
Bajé entusiasmado con mi posesión y mi abuela me contó la historia de esa pistola de la guerra civil.
Así terminó esa tarde con historias antiguas y el deleite de ese dulce postre murcianico. 


María Carmen Hortal Navarro


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